Pero, ¿qué pijo es eso de retirarse de trabajar siendo joven?

Hoy, sábado temprano, poco antes del amanecer, Pepe y su amigo Juanico han salido con las bicis de montaña a darse una vuelta por la Peña Rubia, el Cerro Gordo y alrededores. Pedalean durante unos minutos en silencio, mientras van saliendo del pueblo, desértico a esas horas, con el fresco mañanero vigorizante dándoles en la cara y el café repartiéndose por la sangre.

Y entonces Pepe va y suelta:

—Juanico, ¿te vienes a subir estos montes todas las tardes de la semana que viene?

El pobre Juanico, que no sabe qué responder a tal tontá soltada de sopetón, responde:

—¿Pero, pero qué estás diciendo?

—Sí, es que Manolo y yo hemos quedado para hacer una especie de “reto” que nos hemos inventado, que va a consistir en subir cada uno de estos cinco montes que rodean el pueblo, durante las cinco tardes de la semana que viene. ¿Te apuntas?

—Pues hombre, yo tengo que trabajar. Soy fontanero, ¿recuerdas? Los grifos y las tuberías no se ponen solos.

—Ya, bueno, sí es verdad —medio concluye Pepe, a la vez que empiezan a subir la primera cuesta importante. Pero Juanico añade, conforme la respiración le va dejando:

—¿Los maestros… es que no trabajáis… ninguna tarde? ¿No tienes… cosas… que preparar… en tu casa… o algo de eso…?

—Pues… no… Si te organizas… ay… ¡espera que lleguemos arriba! —y un minutico más tarde, termina— Yo intento organizarme bien y no complicarme más de la cuenta y así me da tiempo a hacerlo todo por la mañana. De hecho, procuro no llevarme nada ni hacer nada de trabajo por las tardes —termina Pepe secándose los primeros sudores de la frente.

—Entonces, es como si estuvieras a media jornada, al menos en comparación conmigo, porque a mí, las 8 o 10 horas al día no me las quita nadie —dice Juanico con asco manifiesto.

—Bueno, y algunos años he trabajado a jornada parcial de verdad, de manera que solo tenía que ir a trabajar 3 o 4 días de la semana. Y pocas horas. Eso, la verdad, que sí era trabajar poco. Sobre todo si, como te he dicho, te organizas y no tienes que estar haciendo papeleo y tonterías durante las horas que no estás con alumnos.

—Joer, ¿y qué es lo que haces con el resto del tiempo, por las tardes? ¿Ves las novelas?

—Sí hombre, ¡eso es lo más útil que puedo hacer con mi vida! No, desde luego. Esencialmente una cosa es lo que hago por las tardes, que no es poco: estar con Pepa y con Pepita; ¡sobre todo con Pepita! Jugar con ella, salir, si hay que ir a comprar al supermercado o a hacer cualquier cosa a otro sitio, si puede ser, yendo todos; subir a Las Fuentes en la bici, ir a la biblioteca, hacer ejercicio, pintar, leer… ¡lo que pillemos!

—Ya… —deja caer Juanico como diciendo “Bueno, no te enrolles más”, pero el tema es de máximo interés para Pepe, por lo que, aunque se da cuenta del tono, continúa:

—Sí, lo sé, esto, dicho así, puede parecer muy básico, muy soso y, como tú no tienes zagales, comprendo perfectamente que no le veas mucha importancia. Hasta que no la tuvimos a ella, yo no tenía idea alguna sobre cómo criar. Para mí, dejarlos todo el día en la guardería y llevártelos a casa para acostarlos era una opción razonable. Ahora… sí que tengo un poco más de idea… aunque no mucha, no creas.

—Ya, si me imagino que puede ser importante hacer todas esas cosas con ella.

—Claro. Tú imagínate uno, tú mismo, sin ánimo de ofender, que te tiras todo el día fuera de tu casa. Si te vas tempranico y vuelves entre las 8 y las 10 de la noche, ¿cuánto verías a tus críos? Pues nada. Quizás un poco por la noche, pero… ¿una hora? No llegaría ni a eso.

—Bueno, pues algo es, ¿no? —se medio defiende Juanico.

—Sí, si los críos no se van a morir si solo ven a sus padres o a alguno de sus padres un ratico al día. Las guarderías están llenas de críos por la mañana y por la tarde. Y luego, a algunos, los recogen los abuelos y al final están con sus padres de media tarde para adelante. Pero bueno, Pepa y yo sí que creemos que es considerablemente mejor para Pepita el estar con nosotros. Y yo, desde luego, ¡prefiero estar con ella a estar trabajando!

—No si eso también lo preferiría yo.

—Claro. Y luego también, tener tiempo libre te permite lo que yo llamo “trabajar para ti mismo”, es decir, hacer cosas que mejoren tu vida o tu situación. Desde hacer yoga u otros hobbies que te guste hacer o probar, como salir con la bici, como hacemos ahora, hasta optimizar tu casa para que gaste lo mínimo de electricidad, conocer tus gastos, estudiar formas de inversión… O incluso crear un blog, como este en el que estamos saliendo ahora mismo.

Entonces, Juanico se menea, se le resbala la rueda de delante y no va al suelo de milagro, diciendo:

—¡¿Pero qué dices?!

—No, nada. Olvídalo.

Juanico hace un esfuerzo por que se le pase la cara de extrañeza y dice:

—Pues sí, no estaría mal, porque mira: cada vez que me llega una factura de la luz, me cobran más, pero yo no tengo tiempo de estar comparando tarifas ni empresas ni nada de eso. No sé del asunto y no tengo tiempo de estar aprendiendo.

—Claro, si eso es lo que le pasa a mucha gente. Solo tienen los fines de semana, si acaso, y están demasiado cansados y desanimados para entonces estar dedicándose a mirar papeles y hacer gestiones.

—Sí, eso es lo que me pasa a mí. Los sábados y los domingos, yo, con no madrugar, no como hoy, descansar y tomarme unas cervezas, tengo bastante. De hecho, tengo varias cosas que arreglar en mi casa, una puerta que no cierra bien, una bombilla que se ha fundido, la cisterna del váter, que pierde agua, mira a ver si eso sé hacerlo, y por cansancio y gandulería, se pasan las semanas y no lo arreglo.

—Ya, si lo comprendo. Si quieres te echo una mano hoy y lo hacemos.

—No, que tengo que descansar y echar la siesta, que he madrugado hoy también. Mira, otra cosa que también tendría que poner en orden son las cuentas del banco, porque en varias de las que tengo me cobran comisiones, no sé por qué y no me hacen gracia. Pero no tengo tiempo de estar yendo a pelearme con los del banco para que me las quiten y menos en días de entre semana.

—Pues sí, ese es un gasto absurdo muy frecuente que la gente, por no saber qué hacer y por el miedo a cambiar de banco, lo deja como está. Y hoy día tienes muchas opciones para que no te cobren nada. A mí no me han cobrado una sola comisión desde hace 4 o 5 años por lo menos, excepto las de las inversiones, desde… que empecé a poner… todas nuestras finanzas… en orden…

—¡Joder… pues… me tienes… que ayudar… a eso…!

—¡Cuando… tú… digas…!

Y tras un minuto o dos de subir otra cuestarraca, ya llegando a los primeros merenderos, Pepe continúa.

—Pues eso, que lo de no trabajar o jubilarte o retirarte anticipadamente no significa que te quedes en tu casa viendo la tele o te vayas al parque a echarle de comer a las palomas. Pero tampoco necesariamente esa imagen que tenemos de un matrimonio mayor que se va a vivir a Benidorm y que está todo el día tomando el sol en una hamaca, más negros que Julio Iglesias; o que se compra una caravana y se va a viajar por el mundo.

—Ya, si lo veo. Consiste, supongo, en ganarte el privilegio de ser libre para disfrutar del estilo de vida equilibrado de tus sueños, sin que el tener que trabajar para ganarse la vida, se interponga demasiado. A lo mejor no tienes que dejar de trabajar por completo, sólo tienes que sentirte lo suficientemente seguro para elegir tú sobre tu trabajo y sobre tu horario.

Ahora es Pepe el que se menea, se le sale un pie del pedal y se da con él en la espinilla, diciendo con cara de sorpresa increíble:

—¡Joer, Juanico, lo has clavado! Es una definición digna de Mr. Money Mustache.

—Gracias hombre, es que soy la reencarnación del del bigote ese. ¿Te has hecho sangre?

—No, no ha sido nada.

Y procurando Pepe cerrar la boca de asombro, continúan cuesta arriba. Porque, tanto la subida a la Peña Rubia como el camino hacia la jubilación anticipada, comparten el hecho de que, aunque parecen duros, mejoran tu vida y te mejoran a ti como persona.

« »

© 2017 Pepe Peseta Patilla. Tema de Anders Norén.