El Pepe, que es rico. ¡Se ha comprado un chalé!

Van Jacinto y Juanico corriendo para Las Fuentes, cuando pasan por cerca de un chalé donde está Pepe, sudando como un cochinillo, con los brazos llenos de yeso y llevando una carretilla, cuando este último va y suelta:

—¡Eeehhh, zagales!

A lo que Jacinto y Juanico miran extrañados, pues ya no son tan zagales y gusto les da que los nombren mediante tal vocablo. Entonces, el primero contesta:

—¡Pijo, Pepe! ¿Dónde estás metido? Ya hace varios meses que no se te veía el pelo, ¡ni el real ni el virtual! —lo que hace que Juanico y Pepe se le queden mirando fijamente, muy quietos unos segundos, sin respiración, hasta que Juanico parpadea y pregunta—: ¿Y es que te has metido a albañil?

Con lo que el movimiento se rehace y Pepe contesta:

—Bueno… me he metido a ayudante-subalterno-peón de albañil, lo más bajo que haya. Pero para unas pocas reformas que estamos haciendo aquí, es suficiente.

—Pero… pero… ¿qué estás haciendo aquí? ¡Ah, hola Pepa! ¡Y Pepita! ¡Dios, Pepa, cómo vas de pintura!

—Sí, es que estoy pintando las puertas y, claro, te ensucias.

Y entonces Juanico, con cara de desconcierto, pregunta:

—Pero ¿qué hacéis aquí todos? ¿Es que os habéis comprado esta casa?

Y Pepe contesta, como si nada:

—Pues sí.

—¡Pero qué dices! —expresa Juanico, con cara de horror—. Pero, ¿de dónde habéis sacado las perras?

—Pues te lo puedes imaginar: de lo que teníamos ahorrado y un poco de lo que nos deja el banco. Eso sí, estoy deseando volver a tener ahorros, porque ahora mismo —dice Pepe, bajando la voz, como con vergüenza— debemos más perras de las que tenemos… ¡Es horrible! Menos mal que en menos de un año habremos ventilado las deudas… ufff… ya que la casa nos ha salido bastante barata y la hipoteca, también.

Y Jacinto se ríe y comenta:

—No te preocupes, si así estamos muchos, debiendo más de lo que tenemos. Eso sí, con todo lo que promulgabas tú lo de gastar poco, lo de no ampliar tu nivel de vida para tener ahorros que te hicieran financieramente independiente… ¿Todo eso qué? Lo has mandado a freír pepinos, por lo que veo.

—¡No hombre, no! ¡De ninguna manera! Hemos modificado los planes. Quizás hemos aplazado un pelín la fecha en la que lleguemos a ser financieramente independientes del todo, pero, por otro lado, fíjate, Pepa se ha retirado del trabajo para educar a Pepita en casa, en vez de escolarizarla.

—¡Qué, que no va a trabajar! ¿Y entonces vais a vivir solamente de tu sueldo?

—Bueno, de mi sueldo y del alquiler del piso donde vivíamos antes. Ten en cuenta que, el hecho de que el gasto que tenemos sea muy bajo, incrementa nuestra seguridad financiera un montón. Sí que vamos a ganar menos que antes, pero seguiremos ganando más de lo que gastamos.

—Ya, pero seréis financieramente independientes más viejos— dice Jacinto, con cara de preocupación.

—Sí, pero la verdad es que preferimos poder retirarnos ahora, que Pepita es pequeña y nos necesita más. Dentro de 10 años, cuando esté en la adolescencia, ¡veremos a ver si nos necesita tanto!, aunque quizás también, ¡quién sabe! Sin embargo, en algún momento se independizará. ¡Entonces podremos volver a trabajar más intensamente, si es que queremos!, habiendo hecho nuestro trabajo como padres de la mejor forma que creemos.

—Pues sí, ahora que lo pienso —dice Juanico con la mirada perdida—, el no trabajar durante unos años cuando tienes hijos es algo relativamente común, lo hace bastante gente. Lo que pasa es que lo normal es hacerlo durante los primeros tres años como mucho, hasta que van a la escuela. Entonces, una vez que ya has encasquetado a los críos allí, tú puedes volver al trabajo —entonces levanta los ojos y continúa—. Vosotros, sin embargo, lo vais a hacer al revés. Pues, ¿sabes lo que te digo? Que probablemente sea lo mejor, ya que lo que hace la mayoría de la gente, por lo general, es bastante absurdo.

—Desde luego, Juanico —conviene Jacinto. Y dirigiéndose a Pepe, pregunta—: ¿Entonces qué? Ahora te vamos a ver aún menos a menudo, supongo, porque tener una casa da mucho trabajo, ¿no? ¡Mira cómo vas de marranería…!

—Ya, sí. Pero no creas, llevo un mesecico durmiendo de una forma… poco frecuente… de modo que estoy durmiendo entre 3 o 4 horas cada día. Por eso estoy limpiando la lista de cosas que tenía que hacer y estaban esperando desde hace… uhhh… meses.

—Pero ¿qué tonterías dices, Pepe? ¿Cómo vas a dormir 4 horas todos los días?

—4 no, menos. Y la verdad es que es muy fácil de entender, pero es otra cosa que, como no lo hace nadie, nadie cree que es posible. Consiste simplemente en hacer varias siestas cortas durante el día, de entre 15 o 30 minutos cada una. Así, por cada siesta que hagas, puedes disminuir el tiempo de sueño nocturno en una hora y media más o menos. A esto le llaman sueño polifásico y…

—Ah, pues yo sueño polifásico no hago, porque soy fontanero, no electricista —interrumpe Juanico—. Pero los sábados y los domingos hago algo similar, porque me echo unos siestorros… Bueno, Pepe, ¿es que no nos vas a enseñar la casa?

—Sí hombre. ¡Perdonad mi falta de hospitalidad! ¿Queréis un refrigerio? ¿Un chambi?  ¿Algo de escombro que sacar? ¿Muebles que transportar? ¡Ufff!

 

Y con esto, los tres “zagales” descansan un rato, sabiendo que Pepe Peseta Patilla vuelve a la vida… bloguera.

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