De payaso a Superman, en un solo artículo.

Hoy es un gran día para la carrera de orador de Pepe Peseta Patilla. La biblioteca de su pueblo cede las instalaciones y organiza charlas para la gente que sepa bastante sobre algún tema y quiera divulgarlo al público general. Eso es lo que está haciendo Pepe al dar una charla sobre… ¿pues sobre qué va a ser? “Independencia financiera”, ¡cómo no!

Y, como es habitual en este tipo de conferencias, en las que el orador no sale en la tele, que son gratis y que de verdad te pueden ayudar a mejorar tu vida… no ha venido casi nadie. Pero bueno, han venido Pepa y Pepita Peseta Patilla y tres parejas de amigos: Felipe y Fátima, Amancio y Amanda y Genaro y Gema, todos con sus respectivos churumbeles. ¡Mejor compañía imposible!

Además, el hecho de que haya poca audiencia permite que la charla sea realmente una conversación, es decir, que los asistentes puedan intervenir, hacer preguntas y pedir aclaraciones de cosicas, lo cual la enriquece sobremanera, que es lo que se busca en estas cosas: enriquecernos.

 

Así que, después de conversar de las ventajas de poder retirarse pronto del trabajo obligatorio, de cuántos años es “pronto” y de cuánto dinero es necesario ahorrar, Pepe va y suelta:

—¿Y cómo pijo consigo no gastarme más de la mitad de lo que gano?, ¡si ahora mismo voy hasta el cuello, si apenas llego a fin de mes!

—Eso, eso, porque es lo que nos pasa a nosotros —dice Amancio.

—Pues me alegro que me haga yo mismo esa pregunta. Porque la solución básica es la siguiente, un tanto filosófica, pero ésta es: párate a pensar sobre un gasto que tengas, cuando lo vayas a hacer o en otro momento, e intenta descubrir la verdad sobre si ese gasto te hace más feliz, si de verdad es bueno para ti.

—Ohhh —exhala Genaro con asombro simulado—. ¿Y eso cómo lo hacemos?

—Pues hay que tener cuidado, porque, como dijo Feynman, físico cuántico conocido por todos, claro está,

Lo principal en esta vida es no engañarte a ti mismo, pero tú eres la persona más fácil de engañar.

Así que ¡ojo!, porque debes ver si el gasto te hace más feliz a ti mismo, por tus propios valores y no por lo que vemos en la tele, en el vecino o por lo que nos han inculcado, por ejemplo, nuestros padres desde pequeños.

Felipe interviene entonces y dice:

—Lo dices como si es que no supiéramos por qué hacemos lo que hacemos, como si es que hiciéramos las cosas por inercia, sin pensar, como borregos… — se para un instante, meditabundo, y continúa— Y ahora que lo digo… parece que tienes razón. Porque vamos a ver por qué me empeñé yo en comprarme una tele de 47 pulgadas si casi no la vemos y además sé que no ponen otra cosa más que basura.

—Mejor así, que apagada está más bonica— dice Fátima dándole unas palmadas en el hombro.

Y Pepe continúa:

—Claro. Es que tendemos a pensar que algo es mejor si es más cómodo, si es de gama más alta, si sale en la tele… Por ejemplo, es más cómodo subir por el ascensor que por las escaleras, aunque lo primero da muestras de nuestra gandulería y lo segundo es uno de los mejores ejercicios que podemos hacer.

—Ya, pero por las escaleras me canso —salta Amancio.

—Y luego pagas un gimnasio para ir a cansarte, ¿no es así?

A lo que Amancio responde asintiendo con la cabeza y bajando la mirada. Y Pepe continúa:

—Igualmente, es más cómodo y de tener más clase, el contratar a alguien para que limpie nuestra casa, en vez de hacerlo nosotros mismos, claro está. Como habréis visto en el vídeo de Mr. Money Mustache, ¿a quién no le gusta tener sirvientes que te lo hagan todo? Y he dicho todo… ¿eh?

—Pues nosotros tenemos una chica que nos limpia dos veces por semana —interviene Gema— y a mí me deja muy tranquila de que la casa esté limpia. Además, yo no tengo tiempo de ocuparme así de ella, que me paso el día… trabajando…

—Efectivamente. Si ocurre esto, lo que pasa es que tenemos demasiada casa y demasiado poco tiempo para disfrutar de ella. Sería mejor para nosotros tener menos casa y con menos basura dentro, de modo que nos pudiéramos responsabilizar de mantenerla nosotros mismos. —Y, tras unos segundos de pausa, continúa—: Otro ejemplo de comodidad y de lujo frecuente es ir a plantar el culo a un restaurante para que te la sirvan la comida, en vez de prepararla tú.

—¡Joer, Pepe! ¿tampoco podemos ir al bar a tomarnos una caña? —pregunta Genaro.

—Sí podemos, aunque supongo que estaréis de acuerdo en que ir todos los días a desayunar, almorzar y a tomarse un café es innecesario, y sin embargo hay gente que lo hace; yo vivo encima de una cafetería y los veo por detrás del visillo… En cualquier caso, estas son cosas relativamente pequeñas que tienen que ver con lo que he dicho antes: con la comodidad de no andar, con el lujo de tener sirvientes como los limpiadores o los camareros… Vamos, con no hacer esfuerzos que nos vienen bien. Pero bueno, como el tema de si algo vale la pena, o, mejor, si vale el gasto, da lugar a muchas tensiones, como es lógico, porque parece que atenta contra el derecho con el que nos creemos cada uno de gastar nuestro dinero en lo que queramos y luego quejarnos de que las cosas no nos van como deseamos, nos vamos a salir del terreno filosófico hacia otro más concreto y os voy a enumerar unos cuantos detalles que, modificados adecuadamente, nos pueden permitir seguir disfrutando de las cosas que nos importan, disminuyendo nuestros gastos a la mitad o más.

—¡Eso, eso! —salta Amanda—, que para eso se he traído mi Amancio la libreta. Tú dinos qué es lo que tenemos que hacer, no nos estés dando razones de por qué.

—Pues apuntad, por favor, que seguro que podéis sacar tajada de aquí. Os lo voy a poner así, en hexágonos, para que el asunto parezca más científico, que así está más guay, aunque es lo mismo que si lo pusiera de otra forma:

  • Primer punto: Deshazte de cualquier tipo de deuda que tengas… ¡ya! De todas, lo antes que puedas. De tarjetas de crédito, de préstamos personales o para comprarte un coche, incluso de la hipoteca. Considera el tener una deuda como un ¡peligro mortal que hay que solucionar lo antes posible!

—Joer, no será para tanto, Pepe —interviene Gema—. Todo el mundo tiene préstamos, por lo menos el de la hipoteca.

—Sí, casi todo el mundo los tiene… y casi nadie es financieramente independiente… ¿Podría haber una relación? —dice Pepe con tono misterioso— Continuamos:

  • Cuando te compres un coche, cómprate uno que se adapte a lo que necesitas. Si eres un granjero y lo vas a usar para transportar heno, animales y cosas así, comprate una camioneta pick-up de esas. Si tienes siete hijos y vais con frecuencia todos juntos en coche a algún sitio necesario, cómprate una furgoneta de nueve plazas. Pero si solo lo quieres para recorrer unos pocos kilómetros para ir a trabajar, cómprate uno pequeñico, de segunda mano, que te costará infinitamente menos a la hora de comprarlo y de mantenerlo. ¡Y sin pedir dinero prestado!

Entonces, salta Felipe, con guasa:

—Ya me quieres quitar mi BMW X6, ¿eh…?

—Pues creo que, para el uso que le das, lo que te quitaría al cambiarte el coche serían unos 5 años de trabajos forzados, que son los que necesitas para mantener ese tipo de coches.

—Bueno, sí, puede ser, porque nos cuesta casi 300 € al mes. Más el mantenimiento. Más la gasolina desperdiciada cuando solo lo cojo para darme una vuelta porque no tengo que ir a ningún sitio. Pero… ¡me gusta conduciiiir! —concluye Felipe con cara tonto.

—No, si ya os digo yo que la tele nos afecta… Bueno. Pasamos a otro punto:

  • Al igual que con el coche, si compras una vivienda, compra una que tenga lo que necesitas, no más. Si tienes, por ejemplo, un garaje súper grande o más habitaciones de las que necesitas, ¿para qué las compras y las estás manteniendo, si no les sacas provecho?

—Ya. Si es que existe presión social hacia comprarse una vivienda y unos coches más grandes… —interviene Amancio— y unas teles más grandes, ¿eh, Felipe?

—Efectivamente —continúa Pepe—, pero son metros cuadrados comprados y mantenidos para nada, lo que se podía haber invertido en comprar tu propia libertad.

Entonces se oye la preciosa vocecita de Pepita preguntándole a Pepa:

—Mami, papá habla mucho. ¿Cuándo termina?

—Espero que pronto, corazón —responde Pepa.

—En efecto, amigos míos —dice Pepe—, esto se está alargando que pa’qué, por lo que, si os parece bien, continuamos en otro artículo del blog.

—¿Que continuamos dónde? ¿Que continuamos qué? —dicen varios, con cara de vivir en Matrix.

—Que… seguimos otro día, quiero decir.

Así que todos se levantan, estiran sus miembros y se salen al parque más cercano a tomar el sol y montarse en los columpios, mientras todas estas ideas se van asentando en sus mentes.

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© 2017 Pepe Peseta Patilla. Tema de Anders Norén.