Todos los meses, Pepe echa un par de horas analizando las cantidades que Pepa y él tienen en las cuentas bancarias y en las de inversión, viendo así cómo evolucionan sus ahorros. También analiza los gastos, lo que permitió, sobre todo al principio, llamar la atención sobre cantidades que, al ir siendo gastadas poco a poco, resultaban mayores de lo que parecían. Sin embargo, hoy, 31 de diciembre, el asunto va ya por cerca de las tres horas, porque el análisis se está extendiendo a la anualidad completa. No obstante, esto es un placer para Pepe, pues este tipo de análisis le encantan, pero Pepa y Pepita lo están esperando para comer, por lo que la primera va y suelta:

—¡Pepe!, ¿qué te queda?, ¡que se enfría la tortilla!

—Ya he terminado, ya he terminado. Solo estaba regocijándome con los resultados.

—¿Que estabas qué, papi? —pregunta Pepita.

—Que estaba viendo los resultados, ¡que me gustan mucho!

—Y ¿cuáles son los resultados? ¿Puedo verlos?

—Sí, claro, voy a traerme los cubicos de madera que hice para explicártelo mejor. —Y un minuto después vuelve con ellos y continúa—: Mira, este año nos hemos gastado, en total, unos 14 000 €.

—¿Catorceeee…? —dice Pepita, sin saber Pepe si eso le parece mucho o poco.

— Sí, catorce. Dos millones trescientas treinta mil pesetas. Y el caso es que, manteniendo ese gasto, podremos considerarnos financieramente independientes cuando tengamos invertidos ¡60 kilos de billetes! —termina Pepe con guasa.

—¿Qué? —dice ahora Pepa.

—Que cuando lleguemos a 350 000 € invertidos, estos que pongo con los cubicos, podremos estar tranquilos de que los intereses darán para nuestros gastos, hasta el fin de la enternidad…

—Bueno, no creo yo que haya tanta seguridad… hasta el fin de la enternidad… ¿Y por qué esa cantidad y no más ni menos?

—Pues porque lo que hemos gastado, los 14 000 €, son el 4 % de esos 350 000. O, visto al revés, 350 000 es 25 veces, que es la inversa de 0.04, nuestro gasto anual.

—¿Y es que las inversiones van a rendir siempre un 4 %?

—No, desde luego. Pero este 4 % es un valor que da una seguridad casi completa de que el dinero de la cartera de inversión no se terminará. Por eso, ese porcentaje es conocido como… como… no sé cómo traducir ésto. Sería algo así como “porcentaje a retirar con seguridad”. Este número, el 4 %, salió de un estudio que hicieron unos tíos, viendo si una cartera de inversión habría durado 30 años a lo largo de este siglo pasado, empezando en distintos momentos y retirando distintos porcentajes. Así vieron que, si se iba retirando cada año, como mucho, el 4 % del valor inicial de la cartera, ésta sobrevivía 30 años casi todas las veces, con independencia de cuándo se hubiera empezado.

—¿”Casi” todas las veces, dices?

—Sí. Se ve que en 4 de cada 100 veces, la cartera bajaba tanto de valor en los primeros años que, más adelante no era capaz de recuperarse y no llegaba viva a los 30 años.

—Ya veo. Pues eso no me gusta. ¿Y si consideramos un 3 % o un 2 % mejor?

Pues no es necesario, primero, porque un 96 % de probabilidad de que sobreviva es bastante grande. Nunca vamos a poder tener el 100 % de seguridad respecto al futuro, pero un 96 %… creo que es bastante cercano. Y por otro lado, porque después repitieron el análisis, añadiendo datos hasta 2009, es decir, metiendo los periodos de recesión del 2000, tras la burbuja tecnológica, y del 2008, con la inmobiliaria. Y entonces vieron que incluso una retirada del 5 % terminaba con éxito en muchos casos. Además, recalcan en los dos estudios que esos números no van a misa, ni mucho menos; que la gente tiene que ir adaptándose a las distintas situaciones por las que la vida nos vaya llevando, de forma que, a lo mejor, algunos años sí tenemos que bajar el porcentaje o hacer algún otro cambio. Pero aún sin todo eso, yo estoy convencido de que retirar un 4 % es seguro… de sobra.

Entonces Pepe se echa un trozo de tortilla a la boca y dice, como puede:

Además, hay otro peligro que podría considerarse mayor: en la gran mayoría de esos 96 casos de cada 100 en los que la cartera sobrevive, el valor de la cartera termina siendo muchísimo mayor de lo que era inicialmente. O sea, no solo sobrevive, sino que aumenta una barbaridad. ¿Cómo te quedarías tú si, cuando tengas 65 años, recuerdas que estuviste  trabajando una serie de años hasta reunir 350 000 €, pero que ha resultado que, con muchos menos años de trabajo, a lo mejor diez menos, habrías tenido bastante?

—Pues sí es para tenerlo en cuenta, sí, aunque ahora no podemos saber cómo va a ir el futuro.

—No, pero según todos estos estudios, si la cartera no bajaba mucho de valor en los 10 primeros años, ya podías estar tranquilo de que seguramente ibas a terminar los 30 años con un pastón. Por lo tanto, si nos retiramos con menos perras, por ejemplo, con 300 000, y no pasa nada grave en los primeros años, ya podemos confiar bien en que no va a haber problema durante el resto del tiempo.

—Ya veo, ya. Y otra cosa, ¿el estudio ese tuvo en cuenta la inflación?, porque los huevos de estas tortillas no valían lo mismo cuando estaban las pesetas que ahora. Y tampoco valdrán lo mismo dentro de 30 años…

—Sí, en efecto, el estudio tuvo en cuenta la inflación de cada año y aún así la cartera sobrevivía casi todas las veces.

—Pero sobrevivía 30 años, dices, y nosotros esperamos estar “retirados” más de 30 años, desde luego.

—Así es, y aunque el porcentaje baja ligeramente al aumentar el tiempo que se van a usar los ahorros, solo baja algunas décimas, por lo que ese 4 % sigue siendo razonable.

—Ya. Y la cartera de inversión esa, ¿es la misma que tenemos nosotros?

—No, esa sí es una diferencia que podría ser más importante y que nos beneficia. Mira, la cartera del estudio está formada solo por acciones y bonos, a partes iguales, mientras que la nuestra lleva eso mismo, más el oro y el dinero líquido y, por esa razón, resulta que ha sido más estable que la del estudio durante toda la historia, lo cual, de hecho, es la causa por la que la tenemos.

—Ya. Pero entonces, ¿qué seguridad tenemos de que ese 4 % va a valer para nuestra cartera?

—Pues me encanta que me hagas esta pregunta, porque hace unos meses descubrí una página donde tú mismo te puedes hacer este estudio para el tipo de cartera que quieras. Se llama portfoliocharts y es, de verdad, magnífica. Lo único malo es que está en inglés… Quizás debería hacer un blog traduciéndola, igual que he hecho con este donde vivimos…

De pronto, Pepa y Pepita dejan de masticar y se quedan mirándolo fija y seriamente, hasta que Pepe dice, aparentando la mayor normalidad posible:

—¿Queréis un trozo pan?

Y el movimiento se rehace, por lo que Pepe continúa con una media sonrisa.

—Pues eso. Mirad, os la enseño en el móvil mismo. Esta página contiene los valores que han ido teniendo un montón de productos de inversión desde hace casi cien años, por lo que permite calcular, por ejemplo, ese porcentaje de retirada de seguridad para la cartera que tú quieras. Y resulta que, para la que tenemos nosotros sale… ¡un 5 %!

Y entonces Pepe da un salto y dice:

—¡Coñe!, ¡si le han añadido un botón para poder traducirla automáticamente al español o al idioma que quieras! ¡Yujuu!

Y Pepita le regaña:

—Papi, deja el móvil.

—Sí, Pepita, es verdad. Perdonad.

—Entonces, a ver si me aclaro —pregunta Pepa—, ¿eso significa que si vas retirando esos porcentajes, 4 o 5 %, el dinero durará 30 años?

—Sí, así era en el estudio inicial y eso es una de las cosas que puedes calcular en esta página: Cuál era el porcentaje máximo que se podía retirar de modo que, a los 30 años, quedara, al menos, una peseta. Sin embargo, como explica este hombre en un artículo de hace solo unos días, también puedes calcular el porcentaje máximo que podías retirar y que habría permitido mantener el valor inicial de la cartera. Este porcentaje siempre es menor que el anterior y, para la nuestra, es de poco más del 4 %. O sea, que ese 4 %, de una u otra forma, es razonable.

—Ya. Pero, ¿es el 4 % del valor inicial de la cartera o el 4 % de lo que valga cada año? Porque de la primera forma sería siempre la misma cantidad de pesetas anuales y de la segunda, saldrá más los años en los que la cartera crezca y menos en los que mengüe.

—Pues muy buena pregunta y los efectos de retirar el dinero de una u otra forma ya los ha analizado otro que escribe en inglés: un tal Justin, no Bieber, creo, en un artículo titulado misteriosamente: Las distintas caras de la regla del 4 %.

Y entonces Pepe piensa, pero no dice, que también debería crear un personaje virtual para traducir los contenidos del Justin este al español, como han hecho con él mismo, lo cual le da una sensación rara, como si él mismo no fuera real… Muy raro, por lo que menéa la cabeza y continúa:

—Y los resultados son que una u otra forma no tienen una influencia decisiva. Y menos aún con nuestra cartera, que es más estable que la que se utiliza siempre en estos estudios. En cualquier caso, el primer método no es realista, es decir, no creo que nadie fije una cantidad al principio de su jubilación y mantenga ese gasto durante todo el resto de años, con independencia, por ejemplo, de que la cartera esté ganando o perdiendo valor. Supongo que lo más lógico es adaptarse algo al valor que vaya teniendo la cartera cada año, es decir el segundo método: ir sacando el 4 % del valor que tenga en cada momento. De hecho, esto del 4 % es solo una aproximación y yo estoy seguro de que, para nosotros, considerar que podemos sacar un 5 o 6 % es razonable, porque estamos dispuestos a ser flexibles y hacer cambios si es necesario y, precisamente, lo de sacar el 4 % de lo que valga la cartera cada año es una forma de adaptarse, de ser flexible.

—Ya veo. Y además, como con todo lo de las inversiones, “resultados pasados no garantizan resultados futuros”.

—Eso es. Hay que mantenerse financieramente flexible: hay que hacer yoga financiero. Al fin y al cabo, en todos estos cálculos se asume que la gente va a vivir íntegramente de esas inversiones, sin recibir ningún otro ingreso, nunca, de ningún trabajo parcial o pensión, lo cual no entra dentro de nuestro estilo de jubilación. Por eso, tener como mucho 25 veces nuestros gastos anuales creo que es seguro de sobra para poder retirarnos del todo. Y probablemente, 20 veces nuestros gastos anuales, que sería retirar un 5 %, también iría perfecto.

Mientras tanto, Pepita, aprovechando que su paere no para de hablar, ha ido pinchando un trozo de su tortilla y otro trozo de la de él, por lo que el plato de Pepe está casi vacío, al igual que su barriga.

—Pero, ¿qué ha pasado con mi tortilla? ¡Si solo me queda el 4 %!

Y Pepita contesta:

—Como has dicho tú, papá, con ese 4 % podrás vivir todo el año que viene.

—Eh, sí… pero… ¡la cartera de inversión ha desaparecido! Bueno, así no me la gasto. En cualquier caso, en ti está bien invertida, corazón.